Un rincón para que los Vecinos de Leganés se expresen libremente...
Desde sus orígenes, los seres humanos han utilizado formas simples y primitivas de comunicación que después se fueron ampliando, desarrollando y mejorando hasta los enormes avances de la tecnología moderna.
Asimismo, la libertad de expresión aparece como medio para la libre difusión de ideas y pensamientos.
Medios de comunicación y libertad de expresión, pero… Todo tiene un límite.
Asistimos atónitos como un partido de la oposición y algunos medios de comunicación locales utilizan adjetivos impropios que rozan el insulto hacia el Alcalde de Leganés. Bueno, lo del Señor Delgado no es roce, es puro y duro ataque verbal injustificado: “embustero” (sic), “extorsionador” (sic)…
Ya lo dijimos en otro artículo del pasado: “Trileros”, “tahúres”, “pisotear y prostituir”, “complejos y paranoias”, “despóticamente”, “tiránicamente”, “ultra”, “dictatorial”, “hipócrita”, “pasado por el forro”, “indigencia moral y política”,…
Dejamos a la libre decisión del Alcalde la defensa de su honor e imagen, pero el brutal ataque es inaceptable e inadmisible.
Y, pese a todo, otro paso más: ahora atribuyen al Alcalde “supuestos” (nosotros si lo incluimos) hechos delictivos y corruptelas. A Delgado se le llena la boca (los dedos al escribir) al hablar de corrupción olvidando que nuestra sociedad democrática se basa en un principio constitucional fundamental: la presunción de inocencia. Todo supuesto hecho delictivo será presunto mientras un Tribunal no condene a los autores.
Cuando la mayoría de personas normalmente piensan en el que dirán o se dejan llevar por apariencias, es lamentable como ciertas personas con responsabilidad política local creen poder embestir la dignidad de las personas sin que les pase nada.
Usted, Señor Delgado, no es juez ni fiscal para sentenciar e imputar supuestos delitos. No puede haber más difamaciones sin que pase nada.
Exigimos que se depuren responsabilidades y, sobre todo, cordura.
“El loco vocifera
a solas con su sombra y su quimera.
Es horrible y grotesta su figura;
flaco, sucio, maltrecho y mal rapado,
ojos de calentura
iluminan su rostro demacrado”.
Antonio Machado