Un rincón para que los Vecinos de Leganés se expresen libremente...
Que la Comisión de Economía y Hacienda del Congreso votara ayer la supresión de la Disposición Final Segunda de la Ley de Economía Sostenible (la conocida como “Ley Sinde”) es un triunfo para la democracia, para la libertad y para los ciudadanos.
Lo de intentar hacer ley que un órgano administrativo del Ministerio de Cultura pudiera ordenar el cierre de páginas Web daba miedo, mucho miedo.
Votarla tras cuatro aplazamientos y con siete horas de retraso pone de manifiesto el nerviosismo que reina en el PSOE y el fracaso de su línea conciliadora y de pactos. Están agotados y necesitan renovación.
Encima alguno exclama, como es costumbre, que la culpa es de los demás porque “no ofrecen alternativas”… Si son ellos los que gobiernan son ellos los perdedores y no la oposición.
Las descargas ilegales y la piratería son un delito, pero no se puede controlar Internet y, menos, a través de órganos administrativos.
¿Una alternativa? Transparencia en la Red y que los jueces decidan, caso por caso, si existe un delito. “La producción cultural no necesita a los viejos intermediarios para venderse en Internet, lo que necesita es un mecanismo ágil, que permita controlar la difusión de su obra y su justa retribución. Ciudadanos y artistas necesitamos una democracia directa, en la política y en la creación” (Carlos Sánchez Almeida. El Mundo).
Sería interesante la opinión de Montoya sobre este desaguisado, aunque, en caso de mal humor, a lo mejor hasta nos suelta una burrada…
En otro orden de cosas, IU sigue en caída libre, sobre todo cuando ya no son capaces ni de llegar a acuerdos entre ellos mismos ni mostrar una imagen de unidad. Con la joya que tienen en Leganés…
Buenos tiempos para la libertad.
“Cuando salgo a la calle silbando alegremente
—el pitillo en los labios, el alma disponible—
y les hablo a los niños o me voy con las nubes,
mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando,
las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos
desnudos y morenos, sus ojos asombrados,
y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando,
salpican la alegría que así tiembla reciente,
¿no es la felicidad lo que se siente?”.
Gabriel Celaya